No operamos radiografías. Operamos personas.
Cuando valoro a una persona a la que le han recomendado una prótesis de cadera, no decido únicamente por cómo se ve su cadera en una radiografía.
Hay personas con una artrosis muy avanzada que tienen poco dolor, caminan, viajan y mantienen una buena calidad de vida. Si los síntomas son leves y su vida apenas está limitada, no indico una prótesis únicamente por lo que muestra la radiografía.
Para recomendar una cirugía necesito que exista una relación razonable entre lo que vemos, lo que siente la persona y cómo está afectando el problema a su vida.
“Doctor, ¿usted se operaría?”
Me hacen esta pregunta con frecuencia.
Y siempre respondo algo parecido:
Esa pregunta tiene trampa.
Yo no tengo tu dolor ni tus limitaciones. Por eso no puedo tomar la decisión como si estuviera en tu lugar.
Lo que sí puedo hacer es explicarte qué veo, qué alternativas considero razonables y qué he aprendido después de tratar a muchos pacientes en situaciones parecidas.
¿Operarme ahora o esperar?
Si tienes poco dolor, mantienes una buena calidad de vida y sigues haciendo las cosas que son importantes para ti, muchas veces se puede esperar.
Pero esperar no siempre significa ganar tiempo.
Lo veo especialmente en pacientes jóvenes. Algunos quieren aguantar varios años porque sienten que son “demasiado jóvenes” para una prótesis.
Entonces suelo plantearles otra pregunta:
¿Cómo van a ser esos años?
Si van a ser años con dolor, dejando de hacer deporte, caminando cada vez menos o adaptando continuamente tu vida a una cadera que te limita, quizá no estés ganando años. Los estás perdiendo.
Hay una frase que escucho con frecuencia después de operar a algunos de estos pacientes:
“No sé por qué esperé tanto. Tendría que haberme operado antes.”
Eso no significa que haya que operarse pronto. Significa que cuando decidimos esperar también debemos pensar qué estamos haciendo con ese tiempo.
Cuando una prótesis está bien indicada puede cambiar muchísimo la vida de una persona. Lo veo cada semana: pacientes que vuelven a caminar sin pensar continuamente en su cadera, a viajar, a hacer deporte o simplemente a ponerse un calcetín sin dolor.
A veces, esperar es ganar tiempo. Otras veces, esperar es perderlo.
Tampoco existe un momento matemático para operarse. Si médicamente podemos esperar, el trabajo, la familia o simplemente encontrar un momento en el que te sientas preparado también forman parte de la decisión.
Tengo miedo a operarme
Es normal.
Cuando un paciente me dice que tiene miedo, suelo responderle que lo entiendo perfectamente. Si me tuvieran que operar a mí, también tendría miedo.
Una prótesis de cadera, como cualquier cirugía, tiene riesgos. No tiene sentido fingir que no existen. Hay que entenderlos y ponerlos en contexto frente al beneficio que esperamos conseguir.
También es frecuente que alguien me cuente que un amigo, un vecino o un familiar tuvo una complicación. Entiendo que una experiencia cercana genere miedo, pero no podemos tomar una decisión basándonos únicamente en un caso aislado. Tenemos que poner esa experiencia en contexto y valorar los riesgos reales, la evidencia científica y la situación concreta de cada persona.
Y no hay que decidirlo en ese momento.
Vete a casa. Piénsalo. Háblalo con tu familia. Y cuando lo tengas claro, volvemos a hablar.
¿Para qué pedir otra valoración?
Pedir otra valoración no significa intentar demostrar que el primer médico estaba equivocado.
Muchas veces revisaré el caso y llegaré exactamente a la misma conclusión. Confirmar una indicación y entender por qué tiene sentido también puede ser muy útil.
Una nueva valoración permite revisar el caso con calma, resolver las dudas que todavía tengas y entender mejor qué puedes esperar de las distintas opciones.
No todo el mundo necesita una segunda opinión. Pero si sigues teniendo dudas, has recibido recomendaciones diferentes o simplemente necesitas entender mejor una decisión importante antes de tomarla, una nueva valoración puede ayudarte a decidir con más información y más tranquilidad.
